Hacia un nuevo modelo de educación

En una época en donde la tecnología ha llegado para quedarse y  crece a un ritmo vertiginoso, nuestro sistema educativo sigue rezagado.

Tenemos jóvenes que  aprenden desde su infancia con dispositivos móviles a leer y escribir, hacen ejercicios matemáticos y desarrollan destrezas  tecnológicas que a muchos  adultos nos cuesta entender. Ellos han crecido con todo tipo de aparatos digitales y los manejan sin necesidad de manuales, crean sus propios contenidos en redes sociales y manejan las cámaras y editores como si fueran expertos, y estudian con sitios interactivos porque sienten que así entienden mejor.

Todo esto es maravilloso,   hasta que se impone el modelo tradicional de aprendizaje. El modelo que premia al que memoriza, al que aprende a repetir lo que dijo el profesor en clase.

Creo que los que superamos esa etapa, aunque no felices,  resentimos  que no nos dejaran aprender de una manera más interactiva, que nos permitieran desarrollar  otras destrezas.

Hoy en día seguimos con ese modelo, sentados todos  en fila, escuchando hablar al profesor, preguntando si hay alguna duda y recopilando información que, la verdad, no creemos que sea ni útil ni relevante para la vida, sufriendo cuando hay que exponer y sin cuestionar lo que el profesor enseña.

No digo que la materias impartidas sean inútiles, soy fiel creyente de que todo lo que podemos aprender es útil para la vida; el punto es que hay que saber crear el interés en los jóvenes por esas materias.

Cuando se capta el interés de ellos por los temas,  logramos crear vínculos y la sed por aprender crece.

Un nuevo modelo de enseñanza es urgente. Nuestros jóvenes claman por investigar, por llevar su propio  ritmo, por encontrar el sentido a las cosas que les enseñan.

Tenemos jóvenes que quieren emprender y no trabajar para alguien más. Tienen capacidad para crear, para debatir y para trabajar en equipo. Todo esto se desaprovecha en las aulas, porque siguen sin poder hablar, sin poder crear ni investigar, sentados en fila donde lo que ven es la espalda del compañero.

Tenemos chicos con teléfonos inteligentes que no pueden acceder en clase,  pero cargando bultos llenos de libros súper pesados;  con profesores que no pueden usar las pantallas o computadoras para enseñar existiendo tanta información aprovechable en internet;  y pretendemos que salgan listos del colegio para enfrentarse a un mundo laboral digital.

Creo que es hora de tomarse esto en serio. Algunos chicos tienen oportunidades de aprender de una manera interactiva en su familia, pero no es la mayoría. Debemos brindar herramientas a los profesores para que puedan enseñar de una manera diferente a lo que estamos acostumbrados y generar un cambio.

Las habilidades blandas, que tanto se buscan hoy en los profesionales, debemos ir desarrollándolas en ellos desde ahora.

Trabajos en grupo, retos, investigación, participación activa en clase; son pequeños cambios que pueden generar grandes réditos a corto plazo.

Cuando pienso en tantos jóvenes que desertaron del sistema educativo, amigos que dejaron el cole porque no lograban  memorizar las respuestas,  pero tenían grandes habilidades para los negocios, para crear historias y para las artes, pero no lograron llegar a bachillerato;  me pregunto, ¿cómo serían hoy sus vidas? 

Creo que desde nuestro hogar, como padres,  podemos impulsar el pensamiento crítico y  explotar las habilidades de nuestros hijos, se han hechos esfuerzos a nivel nacional  pero aún no es suficiente; hay que  cambiar este modelo tradicional y avanzar de la mano de la tecnología hacia un nuevo mundo de oportunidades.

 

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