10 señales para detectar ciberviolencia de pareja

Cada día más personas entran a formar parte del ciberespacio, las redes sociales acaparan la atención de grandes y chicos.

Puede ser que la idea inicial de las redes sociales fuese,  como su nombre lo dice,  «socializar»;   encontrar viejos amigos, familiares lejanos etc. Como todo en la vida, el uso que le demos a las cosas puede variar su resultado.

Personalmente no veo con malos ojos las redes sociales, pero no hay que cegarse a la realidad, miles de personas diariamente son victimas de delitos informáticos, incluso en nuestra propia casa podemos ser víctimas de ciberviolencia.

Los casos de acoso se han trasladado del mundo real  a la red, por eso debemos estar atentos a sus señales para prevenirlos. Recordemos que el control muchas veces se disfraza de atención y amor, pero los resultados demuestran que una relación así es tóxica.

Estas acciones se pueden dar por parte de cualquiera de las dos personas en la pareja, independientemente de su género.

Denuncia cualquier abuso!

  1. Acoso por medio del celular, estar llamando o mensajeando continuamente y enojarse si no contestas.
  2. Exigir fotos o demostrar en qué lugar te encuentras por medio de GPS.
  3. No permitir que chatees, aceptes amigos o pedir claves de tus redes sociales o cuentas personales.
  4. Pedir que le muestres tus conversaciones.
  5. Espiar el celular de tu pareja.
  6. Solicitar fotos íntimas.
  7. Exigirte que no subas fotos a tus redes sociales por celos.
  8. Instalar aplicaciones para monitorear a la pareja.
  9. Enojarse porque le das «me gusta» o comentas  las fotos de otras personas.
  10. Crear una cuenta «familiar»  para que ninguno tenga su propia cuenta.

Nunca bajes tu estándar

Quiero compartirles una lectura muy especial que creo puede ser de mucha ayuda para quienes esperan cosas importantes en la vida, puede ser una pareja, un amigo sincero, un trabajo, etc. Se los copio textual para que no se pierdan nada. Sigan la página ,es buenísima! Espero que les sea útil como lo fue para mi.

Un famoso refrán dice que “el que no sabe para dónde va ya llegó”, hoy podría decir que “el que no sabe por qué espera, cualquier cosa o persona sirve” y eso no es así.

Cada uno de nosotros es el resultado de decisiones, positivas o negativas, que hemos tomado.

Todo lo que sembramos o decidimos es lo que recibimos. Es acá donde muchas personas abortan sus sueños, metas, anhelos o deseos más profundos en el tiempo de espera.

Tenemos que tener claro que cuando aceptamos a Cristo como dueño de nuestra vida TODO cambia, ya no vamos al azar, sino que caminamos bajo un diseño perfecto y un propósito ideal para nuestra vida. Esto a la vez nos lleva a tener presente que a partir de ahí todo cambia, ya no es lo que queremos o pensamos, sino lo que El sabe que es mejor para nuestras vidas.

Hoy quiero animarte para que cobres fuerzas nuevas en tu tiempo de espera y hagas un trato contigo mismo de no negociar lo que no es negociable. De camino escucharás voces extrañas que buscan confundirte diciéndote que pides mucho, que por lo que estás esperando es exagerado o que no llegará, pero ahí debes de hacer un alto y escuchar la voz correcta, la de tu Pastor que te da paz y esperanza cuando te recuerda que eres su hijo, mereces lo mejor por su gracia y El ha decidido bendecirte.

Aunque el tiempo pase y creas que nada está pasando nunca bajes el estándar o negocies aquello que es importante para ti. Si eres un 100, mereces un 100, no un 50. En el transcurso de la vida he visto personas negociar lo valioso o conformarse con menos, solo por si no llega y eso es un horror que pasa una factura muy cara. Otras personas con grandes propósitos en Dios se cansan de esperar y toman decisiones emocionales que les saca del camino correcto.

Nada es más importante en la vida que estar en el centro de la voluntad de Dios. Si estás esperando por algo o alguien cobra ánimo tu corazón, se que no es fácil, pero al final valdrá la pena y podrás sonreír orgullosamente de haber tomado la decisión correcta. Dios tiene lo mejor para tu vida, espéralo, si confías en El serás sorprendido.

Esperar no es lo más fácil, pero sí lo más seguro. Define para ti mismo por qué estás esperando, qué anhelas tener, vivir o alcanzar, cierra tus ojos y visualiza lo que hay en tu corazón y aquello que Dios te ha hablado… una vez que lo tengas claro será más fácil esperar y no negociar.

“Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Me sacó de la fosa de la muerte, del lodo y del pantano; puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme. Puso en mis labios un cántico nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios. Al ver esto, muchos tuvieron miedo y pusieron su confianza en el Señor” Salmo 40, 1-3

_Fuente:  ELVALORDELAESPERA

 

Los 10 mandamientos del matrimonio

Un equipo de psicólogos y especialistas americanos, que trabajaba en terapia conyugal, elaboró los Diez Mandamientos del Matrimonio.

Me gustaría analizarlos aquí, ya que traen mucha sabiduría para la vida y felicidad de los matrimonios. Es más fácil aprender con el error de los de más que con los propios.

1. Nunca enfadarse al mismo tiempo.

A toda costa evitar la explosión. Cuanto más complicada es la situación, más necesaria es la calma. Entonces, será preciso que un de los dos accione el mecanismo que asegure la calma de ambos ante la situación conflictiva. Es necesario convencernos de que la explosión no traerá nada bueno. Todos sabemos bien cuáles son los frutos de una explosión: sólo destrozos, muerte y tristeza. Por tanto, jamás permitir que la explosión llegue a producirse. D. Helder Câmara tiene un bonito pensamiento que dice: “Hay criaturas que son como la caña de azúcar, incluso puestas en el molino, aplastadas, reducidas a pulpa, sólo saben dar dulzura…”

2. Nunca gritar uno a otro.

A no ser que la casa esté ardiendo.

Quien tiene buenos argumentos no necesita gritar. Cuanto alguien más grita, menos se le escucha. Alguien me dijo una vez que si gritar resolviese alguna cosa, ningún puerco moriría (…) Gritar es propio de quienes son flacos moralmente, y necesitan imponer con gritos aquello que no consiguen por los argumentos y por la razón.

3. Si alguien tiene que ganar en una discusión, dejar que sea el otro.

Perder una discusión puede ser un acto de inteligencia y de amor. Dialogar jamás será discutir, por la simple razón de que la discusión presupone un vencedor y un derrotado, y en el diálogo no. Por tanto, si por descuido nuestro, el diálogo se transforma en discusión, permite que el otro “venza”, para que termine más  rápidamente.

La discusión en el matrimonio es sinónimo de “guerra” ; una lucha sin gloria. “La victoria en la guerra debería ser conmemorada con un funeral”; decía Lao Tsé. ¿Qué ventaja hay en ganar una disputa contra aquel que es nuestra propia carne? Es preciso que el matrimonio tenga la determinación de no provocar peleas; no podemos olvidar que basta una pequeña nube para esconder el sol. A veces una pequeña discusión esconde por muchos días el sol de la alegría en el hogar.

4. Si fuera inevitable llamarle la atención, hacedlo con amor.

La otra parte tiene que entender que la crítica tiene el objetivo de sumar y no de dividir. Sólo tiene sentido la crítica que sea constructiva; y esa es amorosa, sin acusaciones ni condenaciones. Antes de apuntarnos un defecto, es siempre aconsejable presentar dos cualidades del otro. Eso funciona como un anestésico para que se pueda hacer la cura sin dolor. Y reza por el otro antes de abordarle en un problema difícil. Pide al Señor y a Nuestra Señora que preparen su corazón para recibir bien lo que tienes que decirle. Dios es el primer interesado en la armonía del matrimonio.

5. Nunca echar al otro en cara los errores del pasado.

La persona es siempre más que sus errores, y a nadie le gusta ser caracterizado por sus defectos.

Toda vez que acusamos a alguien de sus errores pasados, estamos trayéndolos de vuelta y dificultando que  se libre de ellos. Ciertamente no es esto lo que queremos para la persona amada. Es preciso todo cuidado para que esto no ocurra en los momentos de discusión. En estas horas lo mejor es mantener la boca cerrada. El que esté más calmado, el que se controla más, debe quedar quieto y dejar al otro hablar hasta que se calme. No replicar con palabras, si no la discusión aumenta, y todo lo malo puede pasar, en términos de resentimientos, ansiedades y dolorosas heridas.

En los tiempos horribles de la “guerra fría”, cuando pendía sobre el mundo todo el peligro de una guerra nuclear, como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas, el Papa Pablo VI avisó al mundo: “la paz se impone solamente con la paz, por la clemencia, por la misericordia, por la caridad”. Ahora, si esto es válido para que el mundo encuentre la paz, mucho más es válido para que todos los matrimonios vivan bien. Por tanto, como enseña Tomás de Kempis, en la Imitación de Cristo, “primero consérvate en paz, después podrás pacificar a los demás”. Y Pablo VI, ardoroso defensor de la paz, decía: “si la guerra es el otro nombre de la muerte, la vida es el otro nombre de la paz.” Por tanto, para haber vida en el matrimonio, es preciso que haya paz; y ésta tiene un precio: nuestra madurez.

6. La displicencia con cualquier persona es tolerable, menos con el cónyuge.

En la vida a dos todo puede y debe ser importante, pues la felicidad nace de las pequeñas cosas. La falta de atención para con el cónyuge es triste en la vida del matrimonio y demuestra desprecio para con el otro. Sé atento a lo que el otro dice, a sus problemas y aspiraciones.

7. Nunca ir dormir sin haber llegado a un acuerdo.

Si eso no sucede, al día siguiente el problema podría ser mayor.  No se puede dejar acumular problema sobre problema sin solución.

¿Tu usarías la misma jarra que usaste el día anterior para poner la leche, sin antes lavarla? La leche ciertamente se volverá ácida. Lo mismo sucede cuando discutimos sin resolver los conflictos de ayer.

Los problemas de la vida conyugal son normales y exigen de nosotros atención y valor para enfrentarlos, hasta que se solucionen, con nuestro trabajo y con la gracia de Dios. La actitud de avestruz, de fuga, es la peor que existe. Con paz y perseverancia busquemos la solución.

8. Por lo menos una vez al día, decir al otro una palabra cariñosa.

Muchos tienen reservas enormes de ternura, pero olvidan expresarlas en voz alta. No basta amar al otro, es preciso decir esto también con palabras. Especialmente para las mujeres, esto tiene un efecto casi mágico. Es un tónico que cambia completamente el estado de ánimo, humor y bienestar. Muchos hombres tienen dificultad en este punto; algunos por problemas de educación, pero la mayoría porque aún no se han dado cuenta de su importancia.

Como son importantes esas expresiones de cariño que hacen crecer al otro: “te amo”, “eres muy importante para mí”,  “sin tu no habría conseguido vencer este problema”, “tu presencia es importante para mí”; “tus palabras me ayudan a vivir”… Di esto al otro con toda sinceridad y experimentarás lo importante que es.

9. Si cometes un error, saber admitirlo y pedir perdón.

Admitir un error no es una humillación. La persona que admite su error demuestra ser honrada, consigo misma y con el otro. Cuando nos equivocamos no tenemos dos alternativas honradas, sólo una: reconocer el error, pedir perdón y procurar remediar lo que hicimos mal, con el propósito de no repetirlo. Esto es ser humilde. Actuando así, incluso nuestros errores y caídas serán momentos para nuestra maduración y crecimiento. Cuando tenemos el valor de pedir perdón, venciendo nuestro orgullo, eliminamos casi en seguida el motivo de conflicto en la relación, y la paz vuelve a los corazones. ¡Es noble pedir perdón!

10. Cuando uno no quiere, dos no pelean.

En la sabiduría popular la que enseña esto. Será necesario entonces que alguien tome la iniciativa de romper en círculo vicioso que lleva a la pelea. Tomar esta iniciativa será siempre un gesto de grandeza, madurez y amor. Y la mejor manera será “no poner leña en la hoguera”, esto es, no alimentar la discusión. Muchas veces es por el  silencio de un que la calma vuelve al corazón del otro. Otras veces será por un abrazo cariñoso, o por una palabra amiga.
__________________

Del libro: ‘Família, Santuário da Vida’, Prof. Felipe Aquino

La leyenda del Hilo Rojo

Hace un tiempo leí esta historia y me pareció muy linda, realmente  hay personas que están destinadas a estar juntas, aunque el camino no sea fácil parece que una y otra vez todo conspira para que se encuentren. Ustedes ¿qué opinan?

“Hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa que tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mando traer ante su presencia.

Cuando la bruja llegó, el emperador le ordeno que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa; la bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo. Esta búsqueda los llevo hasta un mercado en donde una pobre campesina con una bebe en los brazos ofrecía sus productos.

Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invito a ponerse de pie e hizo que el joven emperador se acercara y le dijo : “Aquí termina tu hilo” , pero al escuchar esto , el emperador enfureció creyendo que era una burla de la bruja, empujo a la campesina que aun llevaba a su pequeña bebe en los brazos y la hizo caer haciendo que la bebe se hiciera una gran herida en la frente , ordeno a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.

Muchos años después, llego el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. Aceptó y llegó el día de la boda y el momento de ver por primera vez la cara de su esposa, la cual entro al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente.

Al levantarle el velo vio por primera vez que este hermoso rostro…. …. …. …. tenía una cicatriz muy peculiar en la frente. “

Una cicatriz que él mismo había provocado al no ver al destino que había pasado frente a él y también nos muestra como los amores destinados son eso, no podemos escapar de la persona que nació para amarnos.

El texto literal viene a decir: Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper.

Entre la comunidad de padres y madres adoptantes en Japón, esta leyenda supone una metáfora recursiva, ya que supone que la vinculación entre el hijo adoptado y los padres ya está realizada de antemano por este hilo rojo y favorece la fortaleza en la larga espera que hay que realizar, en la mayoría de los casos.

En estas comunidades, es normal la utilización contextual de frases como “estamos tirando fuerte del hilo rojo”, o “tendiendo puentes con hilos rojos” lo que convierte a la leyenda en una parte más de la jerga de utilización habitual.

Una de las leyendas sobre este hilo rojo cuenta que un anciano que vive en la luna, sale cada noche y busca entre las almas aquellas que están predestinadas a unirse en la tierra, y cuando las encuentra las ata con un hilo rojo para que no se pierdan

 

El-hilo-rojo-del-destino

 

.

10 pasos para mantener el romance!

«Cuando alguien te dice que los hijos no van a suponer un peaje al romance en tu matrimonio, o es tonto, o es alguien que está desesperado por tener nietos» dice Betsy Kerekes, coautora del libro «101 Tips for a Happier Marriage». Lo cierto es que hay que hacer un gran esfuerzo para mantener viva la llama del amor cada que una pequeña voz interrumpe un beso o abrazo.

Cuando hay hijos pequeños, el tiempo de pareja se convierte en un «artículo de lujo». Sin embargo, es cuestión de voluntad, orden y esfuerzo. Los siguientes son los consejos de Betsy Kerekes para conseguir un feliz y romántico matrimonio, especialmente para los casados con hijos, a propósito del mes de los enamorados –para algunos países–, así que toma nota:

1. Recuerda que el amor es una decisión, no un sentimiento

Es imposible mantener las mariposas en el estómago hacia tu esposo/a constantemente, especialmente cuando los niños pequeños te están pidiendo todo tu tiempo y tu energía. Sólo recuerda que tu relación con tu cónyuge va primero. Si quieres lo mejor para tus hijos, (¿quién no?), el éxito de tu matrimonio es primordial.

Una búsqueda en Google te permitirá hacerte una idea sobre la cantidad de estudios que existen sobre los efectos negativos sobre los niños de una ruptura matrimonial. Si quieres que tus hijos sean felices, mantén contento a tu cónyuge. Sean felices juntos.

2. No dejes que tus hijos lleven la batuta

Si tu devoción por tus hijos ha llegado a un punto en el que ellos te pasan por encima (Sé honesto/a, ¿haces cosas que pueden ir hacia esa dirección?) puede haber un cúmulo de tensión en tu casa. Quizás es tu cónyuge que no está de acuerdo con tus métodos de disciplina, o quizás tú mismo te das cuenta de que estás siendo gobernado por un niño de dos años de edad.

Cuando se trata de disciplina, es imperativo que ambos padres estén en la misma línea. Cuando hay brechas en los cimientos del castillo, el joven príncipe o la princesita los encontrarán y tomarán ventaja convirtiéndoos en los bufones de la corte.

3. Hay que estar «siempre» en comunicación

Ya se trate de discutir sobre los estilos de educación o sobre cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que pudiste compartir un momento íntimo, hay que ser abierto y honrado. “Comunicación es la clave”, puede ser un cliché, pero son palabras que hay que vivir. Si tienes algo que decirle a tu cónyuge, hazlo. No lo escondas, porque crece y se corrompe y puede provocar una explosión.

4. Cuando llegue el momento de hablar, hazlo de forma agradable

No hagas una lista de culpas y la eches de golpe sobre el otro. A nadie le gusta ser atacado. Esta es una razón más por la que hablar cuando algo no va bien. Y si es posible hacerlo de una manera adecuada. Esto hace que el golpe se minimice.

Por ejemplo: “Deberíamos esforzarnos más en dejar la cocina un poco más organizada”. Incluso si es de sobras conocido que la otra persona es un desastre en la cocina, el baño o donde sea, es mucho mejor decir esto que: “¡Tienes que arreglar este caos! Estoy cansado/a de ir detrás de ti ¡Eres un desastre!”. Así no va a terminar a bien de ninguna manera”.

5. Pon a tu cónyuge primero

A pesar de haber aprendido desde el jardín de infancia a compartir, seguimos siendo seres egoístas. Queremos lo que queremos cuando lo queremos. Tecnología y sociedad como conjunto no son de ayuda para romper esta costumbre, pero el funcionamiento feliz de la familia excluye totalmente el egoísmo.

Pregúntate siempre ¿qué es lo que a mi cónyuge le hace feliz? ¿qué le apetece comer? ¿qué película le apetecería ver? ¿o qué postre para compartir elegiría en un restaurante? Deja a tu cónyuge que elija. Tener a tu cónyuge feliz te hace a ti feliz. Deja que su felicidad te traiga felicidad.

6. Ten citas

Sólo porque estás casado/a y tienes hijos no significa que tu vida social se acabó. Necesitas pasar buenos ratos a solas con tu pareja, o salir con los amigos, pero especialmente a solas. Salir de casa muchas veces no es posible por el tema económico pero puedes crear una cita sin salir.

Nada de pasar tus noches en habitaciones separadas, cada uno en su ordenador o teléfonos, apaga todo menos la televisión. Disfruten de una buena película con palomitas o un buen vaso de vino. O juguen algún juego de mesa. Cada pareja tiene uno preferido. Queda para realizar esa actividad. Márcala en el calendario si es necesario.

Leer:  Una cita a la semana, matrimonio para siempre

 

7. Encuentra un momento de comunicación

Esto deberías hacerlo diariamente. Si es difícil hablar durante las comidas porque estás muy ocupado/a en reñir a Penélope para que se coma los guisantes o a Bobby para que no meta la cara en el plato, encuentra un rato de sofá donde los niños no estén alrededor. Siéntense juntos. Acurrucados. Que una parte de ti toque al otro. El contacto físico ayuda. Si, aunque estés enfadado/a, una parte de ti toca a tu cónyuge, ese contacto alivia la tensión y ayuda a asumir los problemas de una forma más tranquila, más calmada. Inténtalo.

8. Vayan a dormir a la misma hora

Esto proporciona otra oportunidad para la comunicación: verbal o física. Tú decides. Disfruta de la compañía del otro. Si normalmente te acuestas cuando ya estás tan cansado/a que no puedes hacer más y caes dormido/a apenas llegas a la cama, oblíguense a acostarse antes. Se necesita más tiempo de pareja.

9. Sé agradecido/a

Odio ser portadora de malas noticias pero no eres ni Superman ni la Mujer Maravilla. No puedes abarcarlo todo. Algunas veces necesitarás que tu cónyuge te ayude. Permite que tu cónyuge te ayude, pide ayuda, pero no la exijas. Pide con cortesía sin exigencias ni quejas. Y acepta con gratitud. Cuando la ayuda llega sin pedirla, sé agradecido/a y no te dé pena mostrar gratitud. Las palabras “gracias” y “te quiero” ayudan mucho, los besos más todavía.

10. Céntrate en las cosas positivas de tu vida

Probablemente tendrás que lavar el desastre luego pero ¿no fue adorable cuando tu bebé sopló la papilla encima de ti? No te ha dado tiempo a cambiarte y vas en pijama todo el día pero tu bebé ha aprendido a darse la vuelta. ¿Puedes recordar la última vez que te duchaste? Pero seguro que te acuerdas de su primera palabra o del primer paso.

No te quedes en lo negativo. Nadie te dijo que la vida sería sencilla. Hazlo lo mejor que puedas. Cada cosa se hará a su debido tiempo. Y recuerda, no siempre será así. Cada persona con canas que te encuentres te dirá: “los hijos crecen muy deprisa”. Disfruta de lo que tienes y filtra lo malo.

*Betsy Kerekes trabaja como editora en el Ruth Institute, es coautora junto a la Dr. Jennifer Roback Morse de «101 Tips for a Happier Marriage» (Ave Maria Press 2013, Publicaciones Paulinas India 2014) y participa en el blog Parentingisfunny.wordpress.com.

Artículo publicado por Aleteia.org.